Sunday, April 02, 2006

El Ego en la Literatura

Observemos que los mitos, las manifestaciones primigenias de la imagionacion creadora del hombre, no tenían autor copnocido, sino que se transmitían oralmente de generación en generación. Aquello les permitió adquirir una dimensión inusitada y una trascendencia tal que aún en nuestros días son historias que remecen, historias arquetípicas, que remiten a la memoria ancestral que todos los seres humanos poseemos, independientemente de las culturas de las que se trate. Muchos relatos legendarios contienen mla base de las novelas más connotadas de todos los tiempos, ya sea explícita o implícitamente.

Borges postuló en una de sus tantos cuentos la participación de todos los escritores de todas las culturas y de todas las edades del hombre en la escritura de una gigantesca novela la cual no sería más que la sumatoria de todos los libros que se han escrito y se escribirán jamás. eSa idea es transversal a mucho de sus escritos, a pesar de ser él mismo un escritor celebrado, reputado y odiado.

Esa es precisamente la pregunta que aquí quiero plantear: ¿Vale realmente la pena que los escritos sean firmados y su autor conocido? Piénsenlo. Cuando uno se topa con una frase en un muro, o en una escalera, o en cualquier parte, y ella captura nuestra atención, lo hace de una forma mucho más espontánea y profunda que si la leemos de alguien, o incluso que si la escribimos nosotros mismos.

No obstante, es natural que sintamos una inevitable atracción, sobre todo cuando un texto nos identifica, a saber un poco más de su autor, acaso apenas las circunstancias específicas que llevaron a esa persona x a escribir algo tan cercano, tan desgarrador, o tan hermoso como para conmovernos. Supongo que el despeje de esta incógnita fue lo que determinó el auge del género biográfico. Así, en este mal llamado posmodernismo narradores como Cervantes o Shakespeare (que dicho sea de paso aún no se sabe si efectivamente existió o si es un alias o un invento o algo así) muchas veces son protagonistas en las novelas contemporáneas. El problema es que estamos tan acostumbrados a conocer las identidades de todos aquellos que usan el lenguaje para algo más que para expresarse cotidianamente que a lo largo de la historia han surgido seres inescrupulosos que expresamente se dedican a la literatura (o, actualmente , al periodismo que es un género que ha cobrado vida propia) para endiosarse o engrandecerse ellos mismos sin aportar ni un ápice al acerbo oliterario más que una bonita pluma, desperdiciada inevitablemente en loops autorreferentes que se repiten una y otra vez (como nuestro querido amigo Fuguet o, con mucho mayor oficio pero la misma autorreferencia, el compañero Lemebel). O peor aún, seres despreciables que si bien es cierto poseen una grtan capacidad creadora, se endiosan en su pedestal y defenestran a todos aquellos pòbres, oh, mortales que no están a su altura (en Chile tipos copmo Edwards o Lafourcade, por nombrar los ejemplos más clásicos). Personajes que han coayudado a crear el esterotipo del escritor de beatle y terno impecable que divaga en cafes y bares hablando de la mímesis o de la antipoesía de Parra o su homónimo en cualquier parte.

Un estereotipo odioso, sin duda, como todos los estereotipo, pero realista y útil. DEjo la pregunta abierta ¿vale la pena saber quién escribió que? ¿o es mejor ignorarlo? DE que nos ayuda a no caer en algunos textos infumables...concuerdo absolutam,ente. Empero ¿Serían tan malos si desconociéramos de quien vienen? Quizás...

3 comments:

JP said...

Es una gran reflexion la que haces, en espaecial para mi que sin saber de lietratura he intentado escribir algunas cosillas por hay. Por un lado estoy totalmente de acuerdo con la autoreferencia en que caen algunos autores, que puede caer directamente en el mal gusto. Pero es claro tbn que ningun autor se puede separar de su obra tan facilmente. Hay que tomar en cuanta que ni hay textos neutros. Te pego este comentario de la "muerte del autor" de Roland barthes y vale por tu comentario en mi blog me sirve mucho tu critica y la valoro:
La obra es propiedad del autor, pero el autor no es propietario del Texto: "la metáfora del Texto es la de la red; si el texto se extiende es a causa de una combinatoria, de una sistemática "que sobrepasa los controles del yo que escribe. (En el espacio social que es el texto todos los lenguajes y todos los sujetos de la enunciación se encuentran en una situación de equilibrio, ninguno tiene poder de juicio sobre otro.

Anonymous said...

Debo reconocer la increíble conexión con JP al momento de leer tu reflexión... de inmediato pensé en Barthes .(que de paso es un autor nombrado también)
Por otro agregaría a la reflexión simbólica del lenguaje, las obras y los textos, la reflexión económica. Me refiero al hecho de que en la sociedad devenida y virtualizada en mercancía, lo que precisamente identifica a la misma (la mercancía)es la marca/nombre y permite identificar el producto cargándolo de su valor correspondiente. En ese sentido,en estricto rigor económico y más allá de las buenas intenciones, el nombrar, hoy por hoy, se convierte en el acto de demarcar tu propiedad privada.
Bueno eso por ahora, y aprovechando el espacio para hacer la referencia, creo que es interesante revisar las conclusiones de Duchamp con sus readymades...

Anonymous said...

COPION
ENTRANSITO NO ANDO
CAMILO